sábado, 29 de enero de 2011

cap.7 *billie*

Todavía tenía la cabeza saturada de pensamientos. Estaba sentado en una mesa en la esquina más lejana. Las clases, mis problemas, mamá, mi familia, lola...


Y ese sueño me seguía atormentando:


Desperté, y ella estaba recostada en mi pecho, el aroma de su pelo me hipnotizó, y su tez pálida estaba inexpresiva, me encantaba su rostro angelical, me quedo observándola, hasta que despierta, y noto la sorpresa en su rostro al verme. Admiro su cuerpo por un segundo, es lo las bello y tentador que haya visto, entonces siento unas fuertes ganas de protegerla, le tomo el rostro, y pongo mis labios en los suyos, la acaricio suavemente, puedo oír los latidos de su corazón que se acelera, así como pude sentirlo anoche, cuando estaba sobre ella, y la llenaba de placer, cuando ella me llenaba de placer a mí. Sus gemidos, su aliento... me aparto de sus labios y vuelvo a contemplar su rostro.


-¿como has amanecido?- le pregunto.


-bastante bien- dice sonriendo, me encantaba eso también, cuando sonreía- demasiado diría yo. ¿Y tú?


-yo bien, considerando el hecho de lo que hemos hecho, pero puedo correr el riesgo.


-créeme, lo vale todo, al menos de mi parte- dice, levanta su mano, para acariciarme el rostro, y luego se vuelve a recostar en mi pecho. Pienso que este era el mejor momento que vivía desde hace tiempo, pero ese sentimiento no dura mucho. la gran puerta de entrada se abre y entran unos hombre vestidos de negro como si fueran el escuadrón  "s.w.a.t"  o algo así, la aparto de mi, por que se que no es a ella a la que buscan, se Cubre con las sabanas blancas, y veo como su rostro cambia rápidamente de expresión, entonces empiezan a golpearme fuerte con las armas que traían, siento dolor en todo el cuerpo, casi caigo inconsciente, pero antes le dedico una mirada a lola, que grita como loca, quería cuidarla, pero estaban todos golpeándome, lo único que puedo hacer antes de que me maten, es decirle lo que siento "te amo" le digo.


La verdad es que cuando desperté esta mañana, todavía podía sentir como me golpeaban, y lo que sentía al ver a la chica sufriendo cuando yo sufría. ahora estoy sentado tratando de comerme el almuerzo, totalmente perdido en mis pensamientos, cuando alguien me toca el brazo, volteo a ver quien es, y no me sorprende que sea la profesora rubia que me había hablado el primer día de clases.


-profesor O’kein, ya ha sonado el timbre- ¡¿QUE?! Que demonios te pasa Billie O’kein, que mierda es que tienes en la cabeza- va retrasado a su próxima clase.


-dios santo- digo - gracias, profesora Bennington. Estaba muy distraído, tengo la cabeza llena de problemas.


-Billie, si necesitas algo, alguien con quien hablar aquí estoy, si quieres búscame.


-gracias. Ya tengo que irme. Te buscaré.


Y me apresuro a la clase, a la que de por cierto voy tarde.


 Los alumnos no comentan mucho sobre mi tardanza, la clase transcurre como siempre, y también como siempre, lola es la alumna que más se destaca entre los estudiantes, mientras lo otros se rascan la cabeza por que no han entendido, ella, hace rápidamente las clases y las entrega a tiempo. Participa muchas veces.


Es una chica inteligente, además de ser bella, sabia lo que hacia y como lo hacia. Al final de la clase, me dirijo a mi dormitorio. Estoy bastante agotado por lo que ha sido el día de hoy, me quito los zapatos, y el tiro por ahí, sin preocuparme de si los encontraré mañana. Y me doy una ducha, me pongo un pantalón de algodón a cuadros, y una camiseta negra. Trato de dormir, pero solo puedo pensar.


Pensar en mi madre, a la que había dejado siendo cuidada por mi hermana menor, Peggie de 20 años, ya que teníamos una escases de dinero, y mamá necesitaba los medicamentos adecuados para su enfermedad, aparte de los tratamientos de quimioterapia, papá lo hubiese hecho también, el dejarla, solo para darle una calidad de vida mejor, si no fuera por que papá murió hace 5 años gracias a un tumor canceroso que le absorbió la vida.


El hecho de pensar que mamá moriría de una enfermedad similar, cáncer de pulmón, hacia que me sumergiera en la depresión, por eso estoy acostado, entre las sabanas, en posición fetal. No quiero llorar, por que tengo que ser fuerte, pero aún así las lagrimas salen de mis ojos. Mi madre había sido buena. Pero había caído en depresión cuando papá murió. Y se había refugiado en el cigarrillo.


-estará bien- me digo en voz alta, como si eso me calmara. Por que mi madre había sido la mejor, aún siendo la mujer más sarcástica y feminista del mundo, la amaba tanto, que no sabría que hacer si ella moría. Me quedo dormido en medio del llanto silencioso. Pero cuando despierto, lo único que deseo es desahogarme. Y recuerdo lo que me había dicho Lissa Bennington, sobre si necesitaba alguien con quien hablar. Me visto con unos vaqueros gastados,  una camiseta negra de cuello en V y una chaqueta, me lavo el rostro, para eliminar cualquier signo de que haya estado llorando, y salgo de mi dormitorio.


Toco la puerta tres veces. Oigo los pasos que se acercan, y Lissa me abre la puerta, cuando me mira, sonríe ampliamente, nada parecida a su rostro en el horario de clases, sus ojos azules adquieren un raro pero bonito brillo. Tiene ropa de practicar yoga, y una cola de caballo.


-hola- y se pone en puntillas para saludarnos con un beso en la mejilla.- pasa.


Cuando entro, me doy cuenta de lo ordenada que es, su cama es grande, del estilo siglo XVII, con muchos cojines, y un grueso edredón negro. Tengo que reconocer que tiene buen gusto, y se inclina más por lo que son las decoraciones del siglo XVII, una mesilla de noche blanca con una lámpara negra, las paredes están pintadas de color beige, y están decoradas con pinturas que nunca había visto antes, entonces miro en la esquina de una, y dice claramente "Lissa Bennington 2000", había que reconocer que eran muy originales, y que tenia un inmenso talento para la pintura.


-son geniales, digo señalando a el cuadro que está en  la pared del fondo, en el que se veía a una pareja besándose, el un prado al atardecer.- deberías de dedicarte a la pintura y no a la maestría.



-gracias, pero lamentablemente, mi lugar está aquí- dice- ¿quieres algo, un café, agua, té?


-creo que café, gracias.


-siéntete a gusto, ya regreso, he estado haciendo uno antes de que llegaras.- me siento en un sofá que había al lado una gran ventana en la que se podía ver la noche, y el campus, al parecer hoy había fiesta en el lago. Ya la fogata estaba completamente encendida, observo, como uno a uno van llegando los estudiantes.


-aquí tienes- dice pasándome cuidadosamente una tasa de café.- había notado lo raro que estabas hace tiempo, en el almuerzo me siento en tu misma mesa, pero solo miras a tu plato, y no mueves la mirada en el almuerzo entero.


-se debe a muchas cosas, la principal es el problema que me atormenta, y la razón por la que estoy aquí, dando clases, mi madre, que está enferma de cáncer de pulmón, y eso me lleva a la depresión...- mientras hablo, me mira con ojos compasivos, y solo habla hasta que termino de contarle todo.


-Billie, lo siento, se lo que sientes, porque yo también lo sentí, cuando mi hermana enfermó, éramos muy unidas, pero eso cambió cuando le descubrieron un tumor cerebral. Siempre me culpé. Pero ahora luego de 15 años, comprendo mejor.

-pero no me culpo, culpo al cigarrillo, el que la acompañó los últimos 5 años, luego de que mi padre muriera.- entonces, comprende la magnitud del asunto, se acerca a mí, y me da un fuerte abrazo, pero la verdad es que no siento nada, y Lissa no me hacia sentir nada que no fuera afecto por una amiga.

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